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Evangelio vivido, la paradoja de la Cruz

25 marzo 2015

Renegarse a sí mismo entrando en la manera de pensar de Dios.
Breves historias que nos recuerdan la Palabra de Vida del mes de marzo: “El que quiera venir detrás de mí…”.

Trabajar aquí

«Mi esposo y yo somos médicos y vivimos en Filipinas, un país en donde la pobreza se incrementa día tras día. De nuestra pequeña vivienda, sacamos un modesto ambulatorio privado. Seguramente no es fácil. A veces, pensando en nuestros colegas que han hecho carrera en el Occidente, nos preguntamos si hicimos bien en quedarnos. Pero nos mantiene aquí el pensar en tantas necesidades de nuestra gente: niños que hay que ayudar a crecer sanos, parejas a las que hay que darles formación, ancianos y enfermos terminales por cuidar… Del Evangelio recibimos el impulso a dar una contribución para transformar la sociedad, empezando por nuestro país». L. R. – Filipinas

Moisés de la calle

«Una familia numerosa, seis hijos y uno que está por llegar y que muere antes de nacer. La madre se salvó, pero durante varios días luchó entre la vida y la muerte. Precisamente en ese periodo, al hospital donde ella estaba internada, unos militares trajeron un recién nacido, que había sido abandonado en la calle. Después de recibir los cuidados necesarios, se repuso, pero le hacía falta una familia. Enseguida la encontró en la otra, tomando el lugar del niño muerto. Los nuevos padres lo llamaron José-Moisés: José, porque el hospital estaba dedicado a San José, Moisés porque fue abandonado y luego recogido». H. E. – Congo

Quería vengarme

«Sólo ocho días después de mi matrimonio, perdí a mi madre, atropellada por un vehículo. Estaba decido a vengarme y me monté al bus para dirigirme al pueblo en el que residía el responsable. Sin embargo, a lo largo del trayecto, me vinieron a la mente ciertas palabras sobre el amor de Dios y del prójimo, y poco a poco el rencor se disolvió. Cuando el otro supo quién era yo, empalideció, pero lo tranquilicé, diciéndole que sólo quería entender cómo había sucedido el accidente. Después de haber escuchado su relato, hecho entre lágrimas, traté de darle paz. La alegría prometida por el Evangelio me acompañó en el viaje de regreso». F.A. – Roma

Fuente: El Evangelio del día – marzo de 2015 – Città Nuova editrice