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Tomás, jóven universitario del Movimiento,que vive junto a otros jóvenes en la Casita Gen, nos cuenta:
... una señora, que nos conoció a través del programa de Radio María, que habíamos realizado durante el mes de Julio, vino a vernos a la casita Gen. Estaba muy impresionada de lo que se decía en el programa que había escuchado. La acogimos con todo nuestro cariño posible y ella me contó toda su historia; de cómo vive actualmente ella en familia y con sus vecinos. De repente me dí cuenta que ella no estaba tranquila con algunas personas, pero especialmente con algunas amigas con las cuales no lograba superar un acontesimiento que la había dejado muy dolida, tanto que mantenía vivo el rencor, no obstante la amistad con ellas. La invité a vivir la palabra de vida de ese mes, a perdonar, a vivr al estilo de Jesús. Al salir de la casita, no sólo iba contenta, sino que decidida a vivir este perdón evangélico.
Más tarde, me preguntaba qué pasaba conmigo. Recordé a mi padre, con quien sentía que existían tantas cosas sin resolver y otras tantas que mantenía en mi corazón, como el tiempo en que se separaron con mi madre. Era evidente la voz de Jesús. Lo llamé y nos juntamos, pero antes, en mi corazón, he dado el paso de entenderlo, de olvidar... de darle aquel perdón que Jesús le habría dado. La alegría y la paz fueron los frutos y señales mas bellos que Jesús podía regalarme. Y sentir que entre mi padre y yo nos seguimos queriendo un montón, como Dios lo desea...”
Tomás - 2010 (adaptado)
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“Hace un tiempo que estamos pololeando con Pilar. Ella es realmente un regalo para mi, porque ella también es cristiana y otras cosas más que nos permiten vivir con naturalidad nuestras inquietudes sociales, ideales, las prácticas de piedad y eso...
Un día estaba bastante triste. Le pregunté qué le pasa y me responde que está muy angustiada por la salud de su abuelita. Le propuse pedirle a Jesús por ella y se tranquilizó con esta frase simple y fugaz de mi parte.
Esa noche, me cuestionaba si realmente quería vivir esta frase o había sido algo para “quedar bien” como joven católico. Rezé a Jesús y le pedí, con todo el corazón, por la abuelita de ella. Fue muy, muy bello y, de verdad, fue un diálogo sincero, tranquilo y abierto, una forma linda de relacionarse con Dios y sentir Su presencia”.
(José M.)
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