Amar mientras se espera...

Aeropuerto1

¿Qué puede suceder en la sala de espera de un gran aeropuerto cuando se vive el Evangelio?

“¡¡¡Una hora de retraso!!!”, exclama Jorge.

Sí, por desgracia, la pantalla de la sala de espera es clara en lo que señala. ¡Por mucho que se hable, de que el 97% de los vuelos llegan puntuales, esta vez estamos en el 3% restante!

Afortunadamente, habíamos calculado bastante tiempo para llegar a Manchester, nuestra meta.

La gente de la fila busca donde sentarse. Los niños meten mucha bulla. Empiezo a notar que el ‘nivel de tensión’ está subiendo en la puerta de salida. Habría podido hacer algo sensato, como encender el noteboock y revisar el correo. Por algún sitio, detrás de mí, un niño comienza a llorar.

No sólo a llorar, sino a chillar. ¡Mi concentración se fue! Por desgracia, no tengo audífonos…Vista Sala de Aeropuerto

¡Oh, que molesto!, el sonido estridente me está poniendo los nervios de punta.

Sí, pero ¿no es quizá mi ocasión?, ¿una invitación para poner en práctica la Palabra de Vida y a ver en cada suceso, situación o persona la Voluntad de Dios?, ¿una invitación a ser paciente, a no enojarme, una invitación a amar?.

Este pensamiento me devuelve la paz, y extrañamente los chillidos del niño dejan de molestarme.

De pronto, veo toda la escena con otros ojos: personas preocupadas por cómo llegarán a casa, el niño que ha sentido la tensión, que está cansado y tiene necesidad de entretenerse.

¿Puedo hacer algo? ¡Idea!, cerré el noteboock, saqué un trozo de papel y una lapicera de mi maleta y me acerqué al niño que lloraba.

El pequeño estaba inquieto en los brazos del padre.

“¿Puedo hacerte un dibujo?”. La sirena chillona se para de golpe. Dos grandes ojos negros me miran con sorpresa. “Mira, puedo dibujar un animal. En el momento, que descubras el tipo de animal que es, me lo dices”. La lapicera se mueve lentamente en el papel.

“¡Un elefante!”, grita la voz de una niña detrás mio. Es una niña de cuatro años. “Fante” repite el pequeño.

“¡Exactamente, ahora otro animal”

“¡Una mariposa!, ¡un tren!”.

Y luego, de repente corren ambos hacia la ventana.

Conversamos algunas palabra con el padre, que es marroquí, y después, volví a mi lugar. “Misión cumplida”. “Habrías visto las caras de las personas cuando te acercaste a ellos, dice Jorge...

“Pensaron seguramente, ¡quién sabe lo que habrá ocurrido!”.


D. R. (Dinamarca)