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El Movimiento de los Focolares u
Obra de María en Chile
En los casi 40 años de
existencia en Chile, la Obra de María ha tratado de ser fiel al carisma que
la anima y la sostiene: el carisma de la unidad. Siempre en plena unidad
con la fuente del mismo, Chiara Lubich, y con atención especial a los
requerimientos de la Jerarquía local, ha tratado de responder al gran anhelo
que movió a Mons. Valdés
a solicitar la apertura de un focolar en nuestra patria: ser un fermento de
unidad en una sociedad afectada por múltiples problemas de división.
Conscientes de que nuestra contribución concreta es todavía muy limitada,
sabemos también que las soluciones de Dios tienen tiempos distintos a las
de los hombres, y que nuestra misión debe ser sobre todo una presencia
múltiple y viva que aporta luz y esperanza en un mundo nuevo, animado por
el evangelio.
Durante todas estas décadas, el Movimiento se ha desarrollado en Chile
según su típica estructura y fisonomía.Actualmente, podemos decir con
alegría que existen, distribuidas por todo el territorio nacional, todas
las ramas de la Obra de María, desde los focolarinos, laicos donados totalmente
a Dios, hasta los niños que a su modo tratan de vivir el Ideal evangélico
del amor, pasando por las familias, los adolescentes, los jóvenes y los
adultos comprometidos en la renovación de la sociedad en sus distintos
ámbitos; sin dejar de mencionar a los numerosos religiosos, religiosas y
sacerdotes que adhieren al carisma de la unidad y lo difunden en sus
respectivos ambientes pastorales.
Desde el año 1993 la
Obra de María cuenta en Chile con un Centro Mariápolis, situado en Cunaco,
provincia de San Fernando en la VI región. Se trata de un centro de
formación para todas las ramas del Movimiento, pero abierto también a otros
movimientos y asociaciones que deseen realizar en él retiros y encuentros
varios.
En los últimos años, el
Movimiento ha tratado de dar una contribución concreta a los grandes
desafíos que enfrenta la sociedad chilena, especialmente en el campo de la
familia y en el campo social, en sentido amplio.
Por lo que se refiere al empeño social, profesionales del Movimiento han
implementado proyectos interesantes y promisorios en el ámbito de la
educación y de la asistencia social, especialmente en Santiago, San
Bernardo, Viña del Mar y Punta Arenas.
Un hito importante, en
este mismo sentido, fue el Seminario de Economía de Comunión que tuvo lugar
en Santiago hace 5 años y que organizó el Movimiento en colaboración con la
Revista Desafío y la Conferencia Episcopal de Chile. Después de este
evento, el proyecto Economía de Comunión se ha presentado en múltiples
foros e instancias, aportando un halo de esperanza para la superación de
los graves desequilibrios económicos que afectan a nuestro país, no
obstante su modernización y crecimiento sostenido en los últimos años.
La Obra de María
quisiera ser cada vez más ella misma en Chile, para desplegar todas sus
potencialidades y dar una verdadera contribución a la Iglesia y a la
sociedad.
¿Qué significa ser ella
misma? Significa ser una presencia de María en medio de la sociedad. María
que porta amor y unidad. María que da Jesús a los hombres. María que
transforma todo y lo conduce a su original designio en Dios, porque Ella es
“humanidad realizada”. María, la mujer toda revestida de la Palabra, que
dona el esplendor del Verbo, su hijo. María, sede de la sabiduría, que nos
introduce en el Paraíso, donde reina la luz y el amor.
De manera particular,
la Obra de María quiere dar su aporte para que la espiritualidad de
comunión preconizada por la “Novo Millennio Ineunte”, de Juan Pablo II, se
haga realidad, para vitalizar así desde el evangelio la sociedad toda.
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